Ayuntamientos y empleo

En estos días, con motivo de la presentación de distintas iniciativas en el pleno de enero, he tenido la oportunidad de hablar mucho de empleo en distintos foros: encuentros con autónomos,  visitas a pymes, reuniones con asociaciones de parados,… Por desgracia, la tozudez de los números nos indica que algo no se está haciendo bien. Que las medidas que se toman no aportan luz. Al contrario.

El número de parados crece y crece sin que sepamos taponar la herida por la que se escapan tantos sueños, tantas esperanzas. Y en esa sangría, Granada se muere. Según los datos de la EPA, durante el último trimestre de 2012,  la provincia cae al tercer puesto por la cola en destrucción de empleo. Cualquier político con una mínima responsabilidad no puede permanecer inerte ante semejantes punzadas en la conciencia colectiva. Ahora no cabe otra política que no sea la destinada a la creación de empleo. Las administraciones no tienen mejor fin al que destinar sus esfuerzos que a la creación de empleo. También los ayuntamientos, naturalmente. Sin embargo, estamos cansados de oír excusas de aquéllos a los que el bienestar de sus vecinos les importa menos que otros intereses. Nos trasladan que los ayuntamientos pueden hacer muy poco en materia de empleo. Discrepo rotundamente. A mi juicio, los ayuntamientos son agentes dinamizadores del empleo, pues por ellos pasan las primeras respuestas y cuentan con instrumentos para crear escenarios propicios. 

Nada de esto último se produce en Granada. Por desgracia vivimos una época muy oscura en el gobierno de una ciudad a la que Torres Hurtado y su raquítica política ha desdibujado por completo. Y lo más triste es que Granada, por sí misma, tiene un enorme potencial que, en las manos adecuadas, con el trabajo y con la fe que una ciudad como ésta exige, servirían de trampolín a la riqueza. No hablo de recetas mágicas ni de soluciones sacadas de la chistera. Hablo de esfuerzo, de estudio, de proyectos. En suma, hablo de intentarlo, de no estar con los brazos caídos, mirando para otro lado, huyendo del problema. Junto a nuestro potencial en el sector servicios, Granada tiene la posibilidad de asociarse a una referencia que podría abrir la puerta al futuro que algunos se encargan de ahuyentar: el conocimiento.  No podemos dejar escapar la posibilidad de que nuestra ciudad se asocie a dos parámetros que nos pertenecen, que mueven nuestras expectativas. Estos son la innovación y la salud, en los que hay un elemento común: la Universidad. Teniendo una de las universidades más prestigiosas de España, capaz de atraer más alumnos de Erasmus que ninguna otra, ¿cómo se puede entender que la relación entre un Ayuntamiento y esa institución se circunscriba a la creación de plazas de prácticas para sus estudiantes y poco más?

Con la referencia que ya es el PTS de la Salud y todo lo que ha atraído y va a atraer en los próximos años, Granada tiene la obligación de ser referente en investigación, en innovación, en desarrollo, en salud, y que todo eso sea parte de la tabla de salvación que la economía local está necesitando. Pero para ello hay que conocer, creer, impulsar. Todos debemos ser propulsores de ese nuevo tejido para que Granada se asiente sólidamente en el presente donde tenemos tanto en juego y donde se reparten las opciones para nuestro futuro.  En eso, y no en otras cosas, debemos estar. Muchos ya estamos en ello.

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