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AOVE: breve radiografía de un sector

El sector del aceite ha sufrido una evolución abismal en la última década donde, los procesos de producción han integrado mejoras innovadoras, el consumo y posibilidades de exportación han favorecido al sector y los controles de calidad marcan la diferencia.

Hoy en día además, el consumidor es mucho más exigente, está más informado y compara con más criterio variedades y marcas. En un mercado mucho más amplio, existen muchas opciones de compra, muchos tipos de aceituna y usos para el aceite. Todo se une en un contexto actual que bajo una buena gestión aporta al sector muchas posibilidades y grandes metas.

Dentro del sector, las almazaras más relevantes llevan años inmersas en un continuo proceso de desarrollo innovador donde las nuevas tecnologías juegan un papel clave. La introducción de apps o plataformas online que conectan a todas las personas que participan en la cosecha, hacen mucho más organizado el trabajo; ingenieros agrónomos, agricultores y distribuidores pueden ponerse de acuerdo y están más conectados, se puede llevar con mayor continuidad en las fases previas a la cosecha con recordatorios de poda, control de plagas, recolección etc. Cada almazara crea sus propias líneas de evolución ya sea en procesos o canales de venta, con el factor de la venta por internet como oportunidad más reciente.

Los consumidores de las nuevas generaciones exigen actualización por parte de una industria tradicional como la que ha sido la del aceite y ésta, está respondiendo.

Surgen nuevas maquinarias que permiten aprovechar mejor la aceituna para conseguir el zumo óptimo, los procesos de filtrado se tecnifican y es imperativo el contar con una planta de explotación modernizada para procesar la cosecha completando el ciclo con un laboratorio dotado de una infraestructura que permita medir y verificar la producción, el estar a la última permite responder a la demanda de primera necesidad del mercado.

La exportación internacional es también otra de las grandes oportunidades, donde es esencial poder certificar calidad, ya que con la globalización surgen competidores que van a precio y volumen pero descuidan ampliamente del aceite; los sellos IFS y BRC son los más estrictos y garantizan el buen hacer, la seguridad alimentaria y la calidad del producto final, recomendamos siempre exigirlos a la hora de comprar buen aceite ya que países que comienzan ahora a integrar el aceite y no tienen el conocimiento del producto aún aprendido, pueden ser seducidos por aceites por debajo de la media de calidad.

Otro de los esfuerzos que llevamos tiempo impulsando desde el sector es la transmisión de conocimiento a los ciudadanos, divulgando los beneficios del buen AOVE, sus matices y peculiaridades dentro de ciclos de masterclass y catas. La transmisión del conocimiento es esencial para sumar valor a un producto tan nuestro.

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