Apuntes sobre la gobernanza empresarial
Carmen Moreno Hita Socio-Abogada Gerente de HispaColex Bufete Jurídico

Un buen amigo y compañero, vinculado a este medio, me ha pedido opinión sobre la buena gobernanza empresarial. Lo ha hecho porque sabe de mi experiencia de casi veinticinco años como miembro de la cúpula directiva de una misma organización, HispaColex, y porque me conoce bien, seguro intuía que ante este tema no me podía negar, aunque ello suponga un ejercicio de extrapolación de mi hábitat conocido para intentar acercar al lector a esta realidad.

La gobernanza de todas las empresas exige a sus responsables, sobre todo, tiempo, dedicación y compromiso para garantizar que el ambiente de la organización sea neutral y justo; lo más arduo, quizá, sea inculcar en sus miembros la responsabilidad que conllevan sus acciones cuando se desvían de los principios y valores de la organización. A modo de fiscal, supervisa y reconduce diariamente la actividad del conjunto, evitando conflictos indeseados.

La gobernanza exige equilibrar las necesidades de todas las partes interesadas dentro de una empresa, desde directivos, socios, clientes, proveedores, trabajadores y otros muchos colectivos relacionados. No es tarea fácil, pero, cuando se domina, tiene su recompensa. Cualquier empresa -bien o buen- gobernada, ejerce un efecto de tranquilidad y bienestar que transciende a la sociedad llegando a ser un imán para quienes se acercan a ella.

Gestionar las estrategias y propósitos de la organización nos exige jugar unas cartas no siempre bien barajadas cuando se trata de involucrar a tan diferentes partes en juego. Hace muchos años que los responsables del buen gobierno de nuestras organizaciones contamos con dos aliados imprescindibles.

El primero, no por orden de importancia, sino más bien porque está más de moda, es la tecnología a nuestro alcance. Nunca antes habíamos contado con tan diversas herramientas para facilitar nuestra tarea. Aunque más que un aliado, lo definiría como una necesidad para diferenciarse de la competencia y alcanzar, o mejor aún, optimizar nuestros objetivos empresariales.

Curiosamente, este aliado de quienes ejercemos la gobernanza no siempre es comprendido y bienvenido en la organización y aquí es donde se nos impone involuntariamente un ejercicio de solemne paciencia, pues no podemos olvidar nunca que la transformación tecnológica y la humana han de estar vinculadas bajo premisas de comprensión. Por mucho que nos sean útiles para la gobernanza, acabarán siendo inútiles si despreciamos el sentir de quienes nos rodean. Cuidémonos del término tecnología o innovación -disruptiva-.

Y esto me adentra en el segundo aliado y, repito, no por orden de importancia, de quienes ejercemos la gobernanza de nuestras empresas: el sentido común.   

En este contexto de transformación digital cada vez más acelerada, es fundamental tomar en consideración a los actores, es decir, a las personas. Si desconsideramos el factor humano, sus aptitudes y actitudes, podemos estar errando por esa misma impaciencia que nos llevó a innovar. Quizá sea mejor que, según los casos, practiquemos la tecnología constructiva teniendo en cuenta las circunstancias personales de todos y cada uno de los miembros integrantes de nuestra organización, para que todas las piezas del puzle encajen a la perfección. La gobernanza, la buena gobernanza, nos exige, ante todo, empatía, humildad y sentido común.

  

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