Cristóbal Cañadas: “Santa Ana produce uno de los mejores aceites de oliva del mundo”
Actualmente la cooperativa está formada por unos 700 socios, cuenta con cuatro mil hectáreas de cultivo, y el volumen anual de negocio ronda los ocho millones de euros

La Cooperativa de Santa Ana de Salar fue fundada en 1960 por un grupo cercano a la veintena de olivareros de la zona que decidió unirse para adquirir una antigua almazara. Así que, precisamente este año, cumple 60 años de historia.

En estas seis décadas, de aquel grupo de pioneros se ha pasado a casi 700 socios  y cuatro mil hectáreas de cultivo, con un volumen de negocio anual que ronda los ocho millones de euros. La cooperativa tiene dos áreas principales de actividad: la primera en el campo, como no puede ser de otra forma, donde los socios producen aceituna para almazara, con claro predomino de la variedad hojiblanca, que se ha aclimatado muy bien a la zona, aunque no es la única variedad, destacando también la picual; la segunda actividad tiene lugar cuando el fruto es cosechado y procesado en la almazara de la cooperativa, que culmina con la obtención de aceites de oliva vírgenes, es decir, aquellos que se obtiene por procedimientos físico-mecánicos y/o térmicos. En esencia, zumo de aceituna extraído del molturado, batido y filtrado.

Hoy, la cooperativa es una parte fundamental de la economía de Salar y en ella se moltura la mayor parte del aceite de oliva del término municipal y parte de otros municipios de la comarca. Además, representa una clara apuesta por la sostenibilidad productiva, económica y social de la zona, invirtiendo no pocos esfuerzos en una agricultura respetuosa con el medio ambiente empleando técnicas de producción integrada y buenas prácticas de producción, estando constituida en la actualidad como Agrupación de Producción Integrada.

Su aceite

Todo fruto está condicionado por su variedad, la tierra en la que crece y las manos que lo cuidan desde la flor hasta la madurez. El aceite de oliva no es una excepción. En Salar, más del 90% del término municipal está dedicado al olivar, así que como ocurre en buena parte de Andalucía, la tradición olivarera está muy arraigada y la calidad de su aceite es sencillamente inigualable. El aceite de oliva que produce Santa Ana tiene unas características únicas, decantadas a lo largos de siglos de experiencia y de transmisión de generación en generación de una forma muy peculiar y única de hacer las cosas. El resultado de todos estos factores, es un aceite de oliva muy apreciado, con personalidad propia, con aromas y sabores genuinos. Uno de los retos que el futuro inmediato depara a la cooperativa es lograr diversificar su oferta de aceites para ampliar su hueco en un mercado donde el consumidor cada vez es más sofisticado y exige experiencias de sabor singulares, dentro de una calidad excelente.

Su presidente afirma que los retos que la cooperativa pretende superar en el futuro están muy claros, aunque alguno no dependa directamente de ellos. “Es evidente que el sector -explica-, de forma coordinada, debe promocionar con determinación el consumo de aceite de oliva, una cuestión que nos debe beneficiar a todos y que es absolutamente esencial.”

Además, Santa Ana también quiere trabajar en dos líneas: de un lado, buscando sin dilación la diferenciación y la singularización del producto; de otro, haciendo posible por la vía de la cooperación, la investigación y la gestión, la mayor eficiencia de sus explotaciones. En definitiva, la cooperativa quiere centrarse en mejorar el producto, en promocionar con más precisión y acierto, y en gestionar mejor todo el proceso. “Esta segunda cuestión es presupuesto de la primera: ninguna diferenciación se puede llevar a cabo con éxito si previamente no hemos logrado ser más eficientes”, nos explica Cañadas.

En Santa Ana son plenamente conscientes del camino a seguir. Y por eso el salto de modernidad que se disponen a hacer no tiene parangón en la historia de la cooperativa. Y es que la construcción a partir de este año que entra de la nueva almazara es una enorme oportunidad para transformar los sistemas, ampliar los servicios y la calidad de los mismos a los socios, modernizar los procesos y profesionalizar al máximo todo el trabajo para lograr ser más eficientes. Cañadas confía en que el impresionante hallazgo arqueológico Villa Romana de Salar facilite su intento de buscar esa singularización aludida por la enorme proyección que está dando al municipio y por las vinculaciones de marca que puede haber.

Nuevo presidente

Desde hace unas semanas, el nuevo presidente de la Cooperativa Santa Ana es Cristóbal Cañadas Arjona, un empresario local implicado en el sector del olivar y con un gran prestigio por su exitoso bagaje empresarial, parte del cual ha discurrido en Cataluña, a donde llegó impulsado por el “éxodo rural” de la pasada década de los 60. El flamante presidente, con un perfil mucho más ejecutivo del que es habitual en estos cargos, está dispuesto a sentar las bases para que la cooperativa pueda cumplir otros 60 años, para lo cual insiste en comercializar más y mejor y, al mismo tiempo, hacer eficientes las explotaciones. Pero su obsesión fundamental, por así decirlo, es el socio.

“Los socios han sido, son y serán la principal razón de ser de la cooperativa Santa Ana”, nos dice. “Si este año cumplimos seis décadas -afirma-, es gracias a su compromiso inquebrantable con el proyecto y con el pueblo”. Así, dar un servicio de calidad a los socios de Santa Ana, es sin ninguna duda la prioridad de su junta directiva. La cooperativa ofrece a sus socios desde los servicios propios de una almazara, hasta la consultoría técnica para mejorar sus explotaciones, pasando por el mantenimiento de vehículos y maquinaria. Se podría decir que la gama de servicios que se presta al socio es la habitual de este tipo de colectivos: envasadora, venta de aceite, venta de hueso, gasolinera, venta de productos fitosanitarios… En la actualidad, la nueva Junta Directiva que preside Cañadas, tiene ante sí el reto del traslado de las instalaciones fuera del pueblo, con la construcción de una nueva almazara.

 

 

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Actualmente la cooperativa está formada por unos 700 socios, cuenta con cuatro mil hectáreas de cultivo, y el volumen anual de negocio ronda los ocho millones de euros

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